Análisis del conflicto colombiano
Por lustros se ha repetido que la amnesia política de los colombianos incide en elegir y reelegir corruptos, repetir los errores del pasado y perdonar a los delincuentes. En esta oportunidad la regla tampoco tiene excepción.
Al mismo tiempo que “Colombianos por la Paz” propusieron la tregua bilateral para iniciar conversaciones gobierno-Farc, Chávez rompió la promesa de no meter la nariz en los problemas de Colombia al montar la encerrona de la Celac, y luego afirmar en público, que él está dispuesto a facilitar la paz en nuestro país.
Y con hechos, no con palabras, Chávez volvió a declarar la guerra contra Colombia, con el nombramiento y posesión del general Rangel Silva como ministro de Defensa, a sabiendas que ese delincuente vestido de militar, es el contacto de Timochenko con el Palacio de Miraflores, y el as con que cuentan los terroristas y proterroristas del hemisferio, para ver realizado en el continente, el sueño totalitario de la dictadura cubana.
La respuesta de la cancillería colombiana fue tan tibia como falta de profundidad diplomática y de visión geopolítica o geoestratégica. Lo correcto hubiera sido sentar las protestas y acciones judiciales a que haya lugar, ante entes internacionales pertinentes. Lo único que podría explicar la ausencia de carácter de Santos frente a su "nuevo mejor amigo", es porque desde Caracas se está cocinando al nueva farsa de los diálogos de paz, con tregua y otros despropósitos incluidos.
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